por Jaime Retamal (El Mostrador)
A lo menos dos reflexiones aparecen a primera vista después de las últimas movilizaciones estudiantiles –primero universitarias y ahora secundarias- que han llevado, en un hecho casi inédito, a varios rectores a las calles para marchar. Ambas reflexiones están muy entrelazadas, finalmente.
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En primer lugar, la distancia que hay en nuestro país entre lo que podemos llamar (ya desde los análisis que hiciera Raymond Aron sobre Tocqueville y Marx) la “condición social de la democracia” y los “gobiernos o regímenes democráticos”.
En el caso de las demandas universitarias se aprecia con especial relevancia esta distancia.
Queda en evidencia –y esta es la segunda reflexión- que el año 81 significó un quiebre en esa relación que se comprendía, entendía, justificaba y explicaba muy bien hasta el año 89, pero que después no ha hecho sino que horadar aún más el abismo –ya no sólo distancia- que hay entre “la condición social de la democracia” y los “gobiernos democráticos”, legítimamente elegidos en las urnas.
Los gobiernos democráticos no están respondiendo a las demandas culturales, económicas y educativas de una sociedad democratizada, como la chilena del siglo XXI, representada en los estudiantes. El imaginario actual de nuestra sociedad ya no está en el clivaje “Allende/Pinochet” o “Dictadura/ Democracia”. Definitivamente los imaginarios socio-político-culturales de hoy están anclados en uno de corte radicalmente democrático. La nuestra es una sociedad post-dictadura (de la represión y el miedo) y post-Concertación (de la medida de lo posible). Con la dictadura el “negocio” fue para algunos y con la Concertación el “negocio” fue para esos mismos y para otros nuevos.



