Hay personas que tuvieron el valor de luchar contra la histeria fascista, caracterizada por dichos desafortunados y criminales, como aquel de que “todos los delincuentes se pudran en la cárcel”, como si no fueran tan seres humanos como los autores de estas torpes frases. Esa mentalidad no está muy lejana de aquellas que niegan la existencia de los campos de concentración nazis o, en el pasado chileno sostenían que los detenidos y desaparecidos estaban veraneando en Argentina o en otro país. Son los mismos que decían que la tortura era, apenas, “un rasguño -propinado- a quienes se lo merecían”. Recuerde Ud. que el entonces ministro del Interior, José Miguel Insulza dijo algo parecido respecto a la tortura y muerte de su amigo Ruiz-Tagle.
La gente se olvida, muy fácilmente, de lo que se dijo hace apenas un año: Joaquín Lavín planteaba trancar la puerta giratoria, lo que significaba terminar con los beneficios carcelarios y, a la menor reincidencia, enviarlos al infierno penitenciario. Alberto Espina ha sido siempre el profeta y defensor de la